PROTEGIENDO LA SEMILLA

Texto del día: Mt.13:18-19 “Oíd, pues vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.” 

Visión del día: 

La voluntad de Dios es que seamos personas productivas, fructíferas, en todo lo que hagamos o emprendamos. Dios en muchas ocasiones se presenta como el gran sembrador del universo, la palabra es su semilla, y nuestra vida, nuestro corazón es el terreno donde es depositada esta semilla. Sin duda alguna la semilla es poderosa, tiene la capacidad de producir fruto y hacer todo lo que se le envíe a hacer, Isaías.55:11 “así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié, sin embargo, al leer el texto encontramos dos aspectos resaltantes que dieron por resultado la pérdida de la semilla y la improductividad: 

1) Oír y no entender la palabra, se refiere a que ella debe unirse al terreno pero sin posibilidad de separación, una relación mucho más estrecha que estar cerca o juntos o en proximidad; la palabra debe fusionarse en nuestra mente, todo aquello que no logra fusionarse corre el riesgo ser separado y sitiado. 

2) La acción del malo, en griego es “Ponerós” se refiere al diablo y sus manifestaciones de perversión, maldad, cosas malas que suceden, manifestándose en enfermedades, delincuencia, robo, perversión, degeneración de toda virtud, complot de la maldad, acciones promovidas por la envidia. 

Finalmente, el malo busca “arrebatar” la semilla, esto es “apoderarse” de ella; anclando o levantando un pensamiento contrario alrededor de un principio de la palabra, que la mantenga en inamovilidad, presa, rodeada por fortalezas de pensamientos contrarios, encarcelarla, inactivarla, busca sitiarla. De esta forma logra dejar fuera de acción, una palabra y sin fruto al que la oye. Por eso las advertencias de no ser oidores olvidadizos (Sant.1:22), sino listos y preparados para oír (Sant.1:19), de prestar atención a la palabra para no perder el rumbo por el desliz (He.2:1), de tener un corazón blando a la palabra (He.3:7-8), son vitales para ver el fruto. 

Considere que ella, la palabra, es la verdad, que es lumbrera para su camino aunque esté pasando momentos de oscuridad, ella es alimento a su espíritu, ella es vida para sus huesos, te hará veloz, te hará un gigante. La palabra es Cristo, Dios es su misma palabra, son indivisibles, está comprometido en cumplirla; si se alimenta de la palabra, si le cree a ella, entrará a una dimensión de victoria y paz; el diablo no lo podrá destruir, ni apresar, ni retener, no encontrará lugar en usted; finalmente obtendrá la victoria total, prevalecerá y siempre ganará. 

Declaración de fe: 

“Mis oídos y mi corazón están abiertos a la palabra de revelación de Dios para este tiempo. No dejaré que el diablo robe mi botín, que encarcele la palabra en mi, ella corre y produce conforme a su naturaleza, me activa a poseer y conquistar, por eso se cumple lo dicho por el Señor: Poseeré las puertas de mis enemigos; prestaré pero no pediré prestado; se aumentan mis bienes y posesiones; soy cabeza y no cola; gente me sigue, me multiplico en otros; reyes y gobernantes salen de mis lomos. Tengo la palabra profética poderosa que me hace prosperar en todo.” 

Acción del día:

1. Ore decretando liberación en su vida de toda influencia de las tinieblas, renuncie al pecado, a la enfermedad, a la calamidad, a las regresiones, al caer en trampas, a la pérdida de objetos, personas, relaciones; al robo, a las traiciones, al engaño, a la codicia, avaricia, pensamientos errantes; espíritus de muerte, tragedias y toda maldición generacional; declárese libre por la sangre de Cristo, cubra a su familia, y profetice el bien de Dios sobre ella; profetice abundancia, salud, paz, prosperidad. 

  1. Decrete que cesa toda obstinación de las tinieblas, y se destruye toda fortaleza en contra del evangelio y su palabra, y confiese que muchos vienen al reino de la luz.