LAS ESTRATEGIAS DE CONSOLIDACIÓN DE MELQUISEDEC 

Texto del día: Gn.14:17-20 “Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino,; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 

Visión del día: Es una verdad profunda el hecho que para consolidar hay que ser consolidados; nadie nació para vivir un cristianismo solo, “no es bueno que el hombre esté solo” (Gn.2:18); si estamos solos estamos más propensos a cometer errores; todos necesitamos de un liderazgo que consolide áreas de nuestras vidas, una cobertura que nos guíe y nos imparta de tal manera que podamos ser efectivos en todo lo que emprendamos. La vida de Abram así nos lo demuestra desde Gn.12, fue el momento de su llamado hasta Gn.14, allí nos narra su encuentro con Melquisedec; pasa un tiempo, no se sabe cuanto, pero notamos que estaba mal conectado con una raíz emocional y de dependencia hacia Lot su sobrino y protegido; Lot representa al hombre natural, sensorial, de la carne, en contiendas con los pastores de Abraham (Gn.13:7), usando la mentiras y el engaño (Gn.12:12-13). La mayoría de nosotros hemos cometido errores porque nos ha faltado una buena consolidación. 

Aprendamos y empleemos las estrategias de consolidación que usó Melquisedec con Abram: 

1) Habla todo el tiempo bien de tu gente : Melquisedec bendijo a Abram, lo llamó por su nombre y le declaró una palabra profética de bendición. Cristo nunca maldijo a sus discípulos, debemos aprender a bendecir porque nosotros no estamos autorizados para maldecir según 1a Ped.3:9 “no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”; nuestras boca debe ser un torrente de bendición, a través de ella debe fluir fe, esperanza, alabanza, buenas noticias, si les damos esto a nuestra gente crecerán sanos y entusiastas. 

2) Decláralos vencedores: debemos declárales que tienen poder sobre el enemigo, que Dios los ha hecho más que vencedores, que ningún arma preparada contra ellos prevalecerá, que Jesucristo es más poderoso que toda adversidad junta, que nadie podrá hacerles frente mientras permanezcan en Cristo, que ellos han vencido al enemigo con la palabra, el testimonio y la sangre del cordero. Melquisedec le dio una palabra profética para que Abram creciera con seguridad, sin miedo ni temor; si hacemos lo mismo, entonces seremos discípulos fuertes, sólidos, estables y valientes. 

3) Siempre debemos soltarles una palabra rhema: ¡Démosles pan! La gente necesita una palabra que los alimente para que crezcan fuertes; “Señor: ¿A quién iremos? Tú tienes palabra de vida eterna”, Jn.6:68. La palabra tiene capacidad creativa, transforma el corazón y el ánimo, revitaliza, genera visión, despierta la fe, vivifica, liberta, reconforta. Una palabra profética puede cambiar la vida de una persona, debemos conectarnos con la revelación y estar encendidos para impartir vida; no fuimos  llamados para trasmitir información, si no vida del Espíritu. 

4) Ellos necesitan conocer el gozo del Espíritu: Llevémosles a conocer íntimamente al Espíritu Santo, porque él es el gran consolador y el único que produce gozo indescriptible; debemos motivarlos para que tengan experiencias espirituales, una relación estrecha, intima y en comunión con el Espíritu, que los selle, que los llene y les impida volver atrás; que puedan sentir el fuego de Dios, amar su presencia y desear su gloria. Ananías y Bernabé consolidaron a Saulo; Pablo salió al paso de Timoteo porque vio su potencial; Melquisedec le salió al encuentro a Abram; Felipe hizo lo mismo con el Eunuco, un gran mensajero para el África; nosotros debemos hacer lo mismo, marcar y sellar las vidas con palabras proféticas, declararlos vencedores, sellarlos con el fuego santo; consolidar es dar cobertura de bendición, que a partir del encuentro con nosotros las vidas entren en la bendición del Señor. ¡Que así sea! 

Declaración de fe: “Soy una cobertura de bendición; cada persona que Dios ponga en mi camino es para extenderles el manto de la bendición del Señor; tengo la palabra profética que crea y disipa toda oscuridad, la unción del Espíritu Santo está en mi para impartirla sobre ellos de manera que el gozo del Señor sea su única fortaleza; no hablaré mal de mi gente, ellos son un regalo de Dios, veo en ellos el potencial divino y todo puede cambiar si declaro la palabra; no me callaré, mantendré mi fe viva y fuerte, les enseñaré pacientemente y con amor las verdades más poderosas del reino; así como Melquisedec fue un antes y un después para Abram, eso seré yo para cada persona con la que mi Dios me conecte. Amén” 

Acción del día: 1.- En el proceso de consolidación nuestra visión espiritual y la confesión son claves; practique el poder de la visualización, vea proféticamente a las personas que Dios le ha conectado; determínese a ser un canal de bendición, márquelos con una palabra rhema; lea sobre la vida de Abraham, Isaac y Jacob, y aprenda como ellos bendijeron a sus generaciones y cómo ellos cambiaron su historias de fracaso y decepción a una de éxito y honra. Amen….